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Damasquinado

El Damasquinado es el arte de incrustar oro sobre acero. El oro para damasquinar suele ser puro, de 24 kilates, de color amarillo. Sin embargo, también se puede emplear oro verde, para la obtención de combinaciones que resaltan los dibujos e imprime, con el contraste, mayor elegancia.

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La técnica del Damasquinado fue descubierta en Eibar por Eusebio de Zuloaga, a pesar del interés de muchos por situar el origen de este arte en Oriente, concretamente en Damasco.

La industria del Damasquinado, en su más puro aspecto artesanal, fue fácilmente asimilado en Eibar y su Comarca, dónde nunca faltaron artistas destacados en el embellecimiento de las armas, a pesar de que la principal producción se destinaba a fines militares y, por lo tanto, exenta generalmente de ornamentos. De este modo, cuando los Zuloaga crearon el damasquinado de Eibar, ya existía una predisposición heredada.

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El Damasquinado contaba, y cuenta, con múltiples aplicaciones. Una de las principales aplicaciones la encontramos en las armas: Por un lado, servía para insertar el nombre del artesano, año de fabricación, dedicatorias y detalles referentes a la identificación del arma. También se empleaba para la decoración propiamente dicha, a base de reproducción de hojas de acanto, rocallas, dragones y cartelas, bien en forma lisa o en relieve, y lo mismo las figuras alusivas a animales relacionados con la caza que se grababan en las escopetas. Otras de las aplicaciones del damasquinado las podemos encontrar en piezas de joyería.

Como herramienta de trabajo, la bola de hierro colado es esencial, colocado sobre un triángulo de madera que sirve como soporte o base. Para golpear ligeramente el hilo de oro e incrustarlo mediante punzón de base plana, se emplea un pequeño martillo, muy ligero y de boca ancha, muy similar al que emplean los grabadores burilistas.

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